domingo, 12 de abril de 2015

Perashat Shminí

Existen muchas formas de medir el tiempo
por horas, días, semanas, meses, años
En el caso de nosotros, los hebreos,
el calendario lunar, y  Perashat HaShavua.

Nos conocimos un 16 de Adar I del 5774, y aunque toda la suerte de Purim estaba de nuestro lado,
nuestro verdadero tikun estaba en la perasha  (ki-tiza) y así como am Israel pecó,
Tú y Yo nos dedicamos a construir nuestro pequeño becerro de oro.

El tiempo continuo y la felicidad de Adar nos cubrió bajo los días lluviosos de la cuidad amurallada.
Las risas nublaron la realidad, y la tranquilidad llenó nuestras vidas.


y así el  16 de Adar II llegó , con la Perashat Shminí
y al igual que Ahron Hakohen hizo su croban jatat, así nosotros tuvimos que pagar el becerro que se nos había convertido en toro.

Perashat Shminí.

Este año no hubo dos meses de Adar,
tampoco perashat Shminí cayó después de Purim,
y tristemente aprendemos que las personas y los lugares nunca volverán a coincidir,
Sin embargo el tiempo , es el único que se repite una y otra vez desde la creación.





jueves, 26 de marzo de 2015

 
All my life I walked around the world,
and I always found the same sun,
the same moon
and even the same stars,
 but only here, in Jerusalem 
they shine in a special way.
 
 

domingo, 21 de diciembre de 2014

Dejá vu


Regresó la misma lluvia con la que te dije adiós,
Regresó el frío del invierno, y con él, nuevos personajes.
Nuevos brazos me acogieron
Nuevas sonrisas me tomaron por sorpresa

Volví a desvelarme bajo las estrellas

Volví a cantar bajo la lluvia

Monet ya no me es un recuerdo doloroso

El vino y la poesía regresaron a mi vida;

Pero ahora con una nueva melodía.

El portugués cambió por el hebreo.

Volví a ser el “amén” de la “berajá” de alguien más

Y nuevamente alguien sueña conmigo.




 

sábado, 13 de diciembre de 2014

Vacíos



Adicciones, placeres
Peligros a deseos sin proporción
La clave está en llenar vacíos…

La comida y el dormir no causan placer,
Las cosas no causan placer
El hambre no es el deseo
Si no hay vacío, no hay placer
Si tuvieras todo, no disfrutarías de nada.

El agua llena placares
El agua causa placer mientras tengas sed.
Si no hay sed, no te llena

Si las cosas fueran placenteras,
serían placenteras para todos.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Historia ZMB

Escrito por Cinthya Gómez

Probablemente, los detalles de esta historia estén de más. En cuyo caso tendría que darme a la compleja tarea de ser muy elocuente, como en aquel guion que no he logrado acabar por no poder encontrar un final diametralmente más inesperado que sus diálogos.
Era la primera vez que platicaba con él, después de casi un año de no haberlo visto. No estaba muy convencida de ese encuentro, fui por simple curiosidad y porque tenía muchas ganas de ver aquella película tan particular. Al terminar de verla, nos dirigimos a su coche, para ir a tomar un café y bueno no se le daba mucho el ser caballero. Al llegar al café, continuó, hablándome de su trabajo, como cualquiera lo haría. En ese punto, sólo bastaron unas cuantas palabras en su discurso, para recordarme una de las anécdotas más entrañables que he tenido. Me llevó sin proponérselo a esa época, en la que los domingos fueron los mejores días, no de la semana, sino de mi vida. Las palabras fueron "los intestinos no están sueltos". Esa cita, claramente tuvo más sentido para mí que para él.

El tema del que trata el guion, y esta historia, me dio pánico desde mi niñez, pero cuando conocí a Lilia, ese miedo se convirtió en una tremenda necesidad de pasar días enteros leyendo, viendo películas, series, cómics y documentales de ínfima calidad. Mis terrores nocturnos se convirtieron en mi pasatiempo favorito.

Ocurrió, hace unos años, no recuerdo cuántos, quizá cinco o siete, que me la encontré. Yo iba caminando hacia la escuela. Ella era más joven, más rebelde, más delgada, pero no más alta que yo. Caminaba sin prisa y de reojo vi que traía un libro bajo el brazo del que sólo se alcanzaba a ver la mitad del título "Guía de..." Un título por demás común, aun así quería saber de qué trataba. La intuición me lo pedía, puesto que muchos de los libros que he leído, me trazaron los caminos que hasta ahora he vivido, como si mi historia y la de todos estuviera ya escrita y éste no sería la excepción. Por lo que la seguí unos cuantos pasos intentando ver el título completo, no lo logré. Desistí, puesto que en una ciudad tan grande, la gente desaparece, más aún en el metro.

Cuando llegué al salón, en el que iba a dar clase, para mi sorpresa, ella estaba sentada con ese aire de intelectual desenfadada. Como casi todos los alumnos que he tenido y que eligen estudiar francés. Yo misma me veía así, mi novio, mis amigos, todos teníamos esa marca. Lo único que la hacía distinta era el libro, de cuyo título y contenido me enteré mucho tiempo después. Sin embargo me esforcé por hacer caso omiso de esa extraña coincidencia. Ése fue el último día en el que ella llegó temprano o a veces ni siquiera se presentaba. Hecho que atribuí a mi poca habilidad docente, a mi incipiente intuición psicológica y a las actividades que realizaba, que más allá de tener algún objetivo de aprendizaje, se centraban en mis tremendas ganas de volver a París, aunque fuera, a través de la música, los libros, imágenes y toda clase de recuerdos que traje conmigo.

Tan grande era el deseo, que varias veces caminando por CU, recordaba esos encuentros con él, en les halles o en el trocadero. Le encantaba ir a comer, caminar a un costado del río e ir a mi pequeño departamento. Siempre en el mismo orden. Nuestra rutina era simple, pero hecha por los dos. Deseaba que volvieran eso días y no por ser los más felices, tampoco porque él fuera el amor de mi vida, sino por la calma que sentía estando a su lado y por la música que tenía en su voz cuando hablaba en árabe. Pensamiento que se disipaba en cuanto veía a lo lejos a mi novio, Iván, quien en todo caso, sí significaba el amor más profundo que hubiera imaginado y mi ancla en esta ciudad.
Pasó el tiempo y los recuerdos de aquella rutina se fueron haciendo menos frecuentes, no así el recuerdo de la música en su voz. Llegó el final de semestre, y Lilia me pidió mi teléfono para seguir platicando de los franceses que tan poco le interesaban. Hecho que me dejó muy sorprendida por mis notables fallas pedagógicas y su evidente desinterés. Poco tiempo después, Lilia fue a casi todas las fiestas que hice en mi departamento, iba también sin necesidad de algún festejo. Pasó por las rupturas y reconciliaciones que tuve con Iván. De mi tristeza a la euforia, Lilia navegaba a salvo en esos maremotos emocionales en los que yo me ahogaba. El tsunami vino después y afortunadamente no se la llevó.

Fue un día nublado, más gris que otras veces, cuando ella me preguntó sobre eso que me aterraba, sabía muy bien de qué se trataba; por lo que contesté que no quería hablar de ello, ya que de muy joven me había dejado sin dormir. Se quedó un momento pensado, me observó, esbozó una sonrisa y exclamó -¡Tranquila! yo te quitaré ese miedo. Por cierto, con ese tema me voy a titular- . Lo dicho, Lilia era experta en navegar en mares agitados y estoy segura que ni ella misma lo sabía.

Fue entonces que la primera pesadilla comenzó, Iván se fue, y esa vez, ahora lo sé, fue en serio. Los encuentros posteriores, eran eso, sólo momentos. El dolor emocional se convirtió en dolores de cabeza de todo el día y de las noches. Nadie pudo con ellos, médicos, especialistas, sólo el acupunturista logró disminuirlos. Y así pasaron meses, hasta llegar al año. En ese año, Lilia por supuesto, me llevó varias películas, las vimos juntas, me explicó muy seriamente, el porqué de cada de cada una de ellas, de cada director. Algo raro en ella, casi nunca se tomaba nada en serio. Con ella, superé uno de mis terrores más infantiles, al mismo tiempo que estaba viviendo una pesadilla que no se limitaba a la ausencia de Iván y nuestros domingos, sino a la presencia de dolor, mareo y fatiga. Sin embargo, sólo pasaron un meses después de Iván para que conociera a otros e incluso iniciara noviazgos evidentemente destinados al fracaso. Tiempo después, el dolor empezó a ceder, las visitas y salidas con Lilia se hacían cada vez menos frecuentes. Y yo veía una y otra vez sus películas y la tan famosa serie que explotaba el tema. También sustituí el recuerdo de la voz de aquel amor parisino por la música y la danza árabe. Sobra decir que aunque los años pasaron, el amor no regresó con la misma profundidad o al menos con la calma que tanto deseaba, así que dejé de buscarlo. Mi ya extinto terror, eran los zombies del tipo lento, rápido muy rápido, domesticable, del Santo, socialistas cubanos, stripers, nazis, simulados o fotosensibles; infectados de múltiples formas con o sin cura. Pero ellos fueron una clara proyección de mi comportamiento amoroso.

 



Notas:
A Lilia lo que le interesaba, era el hebreo. Actualmente, vive en Israel y hace turismo por los límites palestinos y sirios. No terminó su tesis sobre el Apocalipsis zombie en la literatura y el cine. 
El título del libro que Lilia traía ese día era “Guía de supervivencia ZMB”. De las reglas de supervivencia, que están en un película:
Regla # 17 “no te hagas el héroe". Regla #32 “disfruta de los pequeños detalles" El cirujano con quien comienzo esta historia tiene la misma fecha de nacimiento de Iván, los dos piscis. Aplica la Regla #17 Como los intestinos no están sueltos, nadando por el vientre, muchas de las escenas zombies, carecen de sentido. Aplica la Regla # 32.

RECUERDOS

La memoria es el mayor  don que poseo.   
Suelo recordar los mínimos detalles de la vida
Recuerdo el aroma de los jardines de mi infancia, los sonidos de los lugares que he conocido, y  las luces de las fronteras por las que he andado.
Recuerdo las estrellas de mis sueños, y los arcoíris con sus desgracias.  
Recuerdo las palabras  vacías, los  diálogos malintencionados, los discursos injustificados, y  las amistades falsas.
Pero a veces la bendición de la memoria también se presenta como maldición.
Porque el recuerdo es tan  nítido cómo si  todo  hubiera sucedido ayer y no muere.
Recuerdo la primera vez que le vi, sus primeras palabras, su primera sonrisa.
Recuerdo que me era indiferente, recuerdo sus intentos de entablar conversación conmigo, y recuerdo el día que de mala gana cedí.
Recuerdo la primera cita entre cuadros impresionistas, entre salas de historia, y la plática amena.
Recuerdo la primera cerveza, el primer beso,  el primer “te quiero”.
Recuerdo su aroma en mi piel, su mano con mi mano, y el brillo de sus ojos.
Recuerdo enseñarle mis malos hábitos encubiertos por poesía barata y vino,  caminatas sin rumbo  y confesiones bajo la lluvia.
Recuerdo el amor que nos teníamos, y los días felices que vinieron a su lado.
Recuerdo sus sueños y  sus miedos (nuestros)
Pero también recuerdo cuando las dudas y los miedos comenzaron a molestarle.
Recuerdo cuando su felicidad cambió a tristeza, y su sonrisa pasó a lágrimas.
Recuerdo el último día con lluvia de invierno, el último día que me miró a los ojos,  el último día que me abrazó.
Y es así como mi mayor don se ha convertido en mi sentencia.
Ahora rezo por el olvido.

domingo, 2 de noviembre de 2014

El tiempo pasa, nos alcanza y NO Se para (NOS separa)



Cantaste para mí, toqué para ti
Leíste para mí, escribí para ti
Me enseñaste de tu idioma, y te amé con el mío.
Compartimos nuestros sueños, nuestros deseos y nuestros miedos.
Compartimos nuestro pasado, nos afligimos por el futuro incierto,
y disfrutamos un presente.
Y a pesar de todo, hoy, el tiempo nos alcanzó.
 
19/03/2014 *


הזמן עובר, נוגע בנו ולא מפסיק (אנחנו מופרדים)
 
שרת לי, אני ניגנתי בשבילך
 קראת לי, כתבתי בשבילך
לימדת אותי את השפה שלך, ואהבתי אותך עם השפה שלי .
חלקנו את החלומות שלנו, הרצונות שלנו והפחדים שלנו.
חלקנו את העבר שלנו, התאבלנו על העתיד הלא ידוע
ונהננו בהווה.
ואחרי הכל, היום, הזמן תופס אותנו.